A dos minutos del fracaso, a un paso de Cannes Lions
- Adrián Guerrero

- 22 abr
- 5 min de lectura
Hay momentos en la vida profesional que no llegan haciendo ruido. No vienen con anuncios grandes ni con una sensación inmediata de “lo logré”. Llegan más bien como una pausa silenciosa, una especie de eco interno que te obliga a mirar hacia atrás… y a preguntarte si todo lo que has construido realmente tiene sentido.
Hace unos días recibí una invitación para participar en el Cannes Lions International Festival of Creativity en la categoría Young Creative Brand Positioning. Sí, ese Cannes. El lugar donde durante años uno ve trabajos, campañas, ideas… y piensa “algún día”.
Y de repente, ese “algún día” deja de ser una idea lejana.
No voy a romantizarlo: la primera reacción no fue euforia. Fue silencio. Fue procesarlo. Fue entender qué significaba realmente estar ahí, no solo como creativo, sino como alguien que ha construido un camino con muchas más preguntas que certezas.
Porque si algo no se habla lo suficiente en esta industria es del peso que llevamos por dentro.
El momento en el que empiezas a dudar de todo
Hay una etapa —y sé que muchos creativos, líderes o emprendedores la han vivido— en la que el síndrome del impostor ataca con toda su fuerza.
Empiezas a cuestionarte tus decisiones.
Te preguntas si estás a la altura.
Si lo que has logrado es suficiente.
Si realmente perteneces a los espacios a los que estás llegando.
Y lo más complejo es que esto normalmente no pasa al empezar. Pasa cuando ya has construido algo. Cuando hay equipo, clientes, proyectos… cuando ya no solo respondes por ti, sino por todo lo que depende de ti.
En mi caso, ese momento coincidió con algo importante para AX Studios.
Estábamos preparando la campaña para nuestro cliente número 100.
Seis años de trabajo. De construir una agencia desde cero. De aprender a base de errores, de aciertos, de intuición y de mucha insistencia. Y justo cuando llegamos a ese punto (el cliente #100) aparece esta invitación.
No fue planeado.
No fue estratégico.
Fue simplemente… perfecto.
Cannes no es solo un festival
Desde afuera, Young Cannes puede verse como un evento. Un lugar donde se premian campañas, donde se habla de tendencias, donde se conectan profesionales.
Pero estando ahí, la percepción cambia.
No es solo un festival. Es un punto de encuentro donde la industria se mide a sí misma. Donde ves hasta dónde puede llegar una idea cuando está bien ejecutada. Donde entiendes que la creatividad no es un lujo, es una herramienta real de impacto.
Y también es un espejo.
Porque inevitablemente te comparas. Ves niveles altísimos. Procesos sólidos. Equipos con una claridad impresionante. Y ahí es donde vuelve la pregunta: ¿estoy listo para esto?
Tres días que te enfrentan contigo mismo
La dinámica fue tan exigente como estimulante.
Tres días intensos. Sin espacio para la duda prolongada. Un reto concreto: desarrollar una estrategia de posicionamiento para una marca que pronto podremos revelar.
No era solo tener una buena idea.
Era estructurarla, defenderla, darle sentido en un contexto competitivo real.
Y hacerlo rodeado de personas que saben exactamente lo que están haciendo.
Ese tipo de escenarios no solo miden tu talento. Miden tu criterio, tu capacidad de adaptación, tu forma de pensar bajo presión.
Pero, sobre todo, miden algo más profundo: cuánto confías en lo que sabes hacer.

Cuando todo parece romperse…
No todo fue inspiración ni claridad. Hubo momentos en los que el proceso se volvió completamente cuesta arriba.
Tocó empezar de cero más de una vez. Ideas que parecían sólidas se caían al intentar estructurarlas. Caminos que prometían terminar en algo potente, simplemente no llevaban a nada. Y el tiempo, como siempre, no se detenía.
Este tipo de competencias tiene algo particular: no estás compitiendo solo contra otros, estás compitiendo contra el tiempo, contra tu propio criterio y contra tu capacidad de sostener presión. Y en este caso, también contra una realidad muy concreta: hacer el trabajo de un equipo completo… entre dos personas. Que en nuestro caso fue más dramático porque a mi colega se le presentaron inconvenientes en medio de la contienda que no le permitieron continuar.
Así que literalmente, un one man army.
Estrategia, concepto, narrativa, estructura… todo pasaba por una sola cabeza, en tiempo limitado, sin margen para errores prolongados. Y claro, los bloqueos creativos aparecieron. Más de los que me gustaría admitir.
Hubo momentos en los que simplemente no fluía.
En los que la pantalla se sentía vacía, aunque la cabeza estuviera llena.
En los que avanzar implicaba insistir, incluso sin claridad.
Pero seguimos.
El punto donde todo se rompe
Después de horas de trabajo ininterrumpido, ajustes y decisiones, logré cerrar la propuesta. No perfecta, pero sí honesta. Bien pensada. Defendida.
Quedaban dos minutos para el cierre.
Dos minutos para subir todo.
Y ahí pasó lo que nadie quiere que pase.
La plataforma falló.
Intenté nuevamente.
Error.
Otra vez.
¡Error!
Eran las 6:58 a.m.
El sistema no respondía. No había margen. No había soporte. No había nada que hacer.
Todo lo que podía salir mal, salió mal.
Y en ese momento, no hay discurso inspirador que valga. Hay frustración. Hay cansancio. Hay una sensación muy real de derrota.
Cerré el computador. Me acosté.
Y dos minutos después, sonó la alarma.
7:00 a.m.
Lunes.
Un nuevo día.
Clientes que atender.
Proyectos que entregar.
Un equipo que liderar.
Una empresa que seguir impulsando.
No había tiempo para procesarlo.
Cuando crees que todo está perdido
Los días siguientes fueron pesados.
No tanto por el cansancio físico, sino por la sensación de que todo el esfuerzo se había quedado en nada. Esa idea incómoda de “estuve tan cerca… y no fue suficiente”.
Pero hay algo que no cambió: el fuego.
Esa incomodidad constante que no te deja quedarte quieto.
Esa voz interna que, incluso en momentos así, te dice que sigas.
Y hoy, hace apenas unas horas, llegó un correo.
Un mensaje simple, pero suficiente para cambiar el panorama: no todo estaba perdido.
Existe una posibilidad de que el proceso sea aceptado. Una luz al final del camino.
Todavía no es un resultado final. Pero sí es una señal.
Esto no termina aquí
Quiero compartir esto no desde un lugar de “logro”, sino desde lo que realmente es: proceso.
Si algo de esto resuena contigo —como creativo, como emprendedor, como alguien que está construyendo algo— te invito a seguir lo que viene.
Si todo se da, estaremos en Cannes representando a Colombia, una parte de este camino. Y ojalá podamos hacerlo acompañados.
Lo que realmente me deja esta experiencia
Más allá del resultado, esto me recordó algo importante: el nivel al que quieres jugar exige incomodidad.
Exige duda.
Exige caídas.
Exige momentos donde parece que nada tiene sentido.
Pero también exige seguir.
En AX Studios llevamos seis años construyendo desde esa lógica. No desde la perfección, sino desde la evolución constante. Desde entender que cada proyecto, cada cliente, cada reto, es una oportunidad de hacer mejor las cosas.
Y esto… es solo una extensión de ese camino.
Lo que viene
Si algo tengo claro después de esto, es que apenas estamos empezando.
Se vienen proyectos importantes.
Decisiones grandes.
Y un nivel mucho más alto de lo que queremos construir.
Si quieres ver hacia dónde va todo esto, te invito a que explores nuestro trabajo, que conozcas lo que estamos haciendo y lo que viene.
Hoy más que nunca, necesitamos que más personas crean en el valor de hacer las cosas bien.
Y si todo sale como esperamos… nos vemos en Cannes.
-Adrián.



Comentarios